jueves, 30 de agosto de 2007

Espejito, espejito

¡Hola! ¿Cómo has estado?

Déjame decirte que yo, aquí y allá, siempre y nunca, en todos y en ninguno… Siempre divagando, siempre sola. Te cuento que estoy viendo la hora y todavía no te encuentro, no estás. No sé si eres tu o si soy yo, pero no concordamos. El otro día no dormí pensando en ti, en lo que me dijiste. Necesitaba platicarte con urgencia sobre lo gracioso de mi incidente. Tienes razón cuando dices que soy torpe, no lo pude evitar, tropecé en las escaleras y caí cuesta abajo. Tengo una herida en la rodilla del porte de todo México. El espejo no miente. Qué bueno que nadie notó el accidente, hubiera sido en realidad una vergüenza.

Disculpa mi atrevimiento, perdóname por molestarte. ¿Te molestaste? Espero que no, no lo soportaría. Oh no, se me olvidó, lo tenía aquí hace un segundo. No te molestes… estoy tratando de acor-¡ya se! Justo a tiempo, ¡Que alivio! (suspiro). Ahora te diré. Es verdad que te dije q lo haría sin dudar, pero en realidad le tengo mucho miedo. Yo se que siempre he sido la peor de las cobardes, se que lo haces por mi bien, es solo que esa navaja me trae tantos sentimientos… SI, si, quien mejor que tu para decirme lo que debo hacer, lo sé. Es que, es que, es que… Está bien pero por favor no me regañes, te prometo que la insertaré sin piedad en mi muñeca en cuanto quede completamente sola.

No te enojes, francamente no sé quien de las dos tiene las de perder. Supongo que no debería preocuparme por esas tonterías, ¿verdad? Es que a veces te veo y tu tan segura, tan firme… ¡Qué suerte la que tuviste! Si yo sé, no lo merecía. Es simplemente que…- ups! ¡Te acabo de ver, por fin nos encontraremos!

Que chistosa se ve esa marca en tu rodilla… ¿Que te habrá ocurrido? Te vas aproximado lo sé. ¡No! Aun no me quiero ir, te necesito. Aun no llegas y me voy. Todo este tiempo para nada… Solo quer— Mmm, en realidad cada día tengo más color. Y ese granito desapareció por completo, que alegría. ¿Qué, que hago con esta navaja? Ahh, tal vez fue mama, pidiéndome que cortara la carne.

Cristina Guerrero Pat*

jueves, 23 de agosto de 2007

Editorial.. pensamiento.. que más da?

Algunos dicen que nada es duradero; otros piensan que nada es temporal. Todo parece ser una combinación de acertijos en un mundo en donde la pregunta es una sola, y al final ni una sola respuesta resulta ser la verdadera. Tal vez sucede cuando le damos vueltas al asunto, una y otra vez, de arriba hacia abajo, de adelante hacia atrás, de patas, de cabeza, por dentro, por fuera… da igual. Todo termina en el mismo lugar, cierto?

Vemos el reloj son las 11:00am, nos devolvemos a él, resultan las 11:03am. El tiempo desaparece en el espacio y el tiempo se guarda en las almas, el tiempo añora volver y el alma añora el tiempo. Un nuevo día, un nuevo enigma y con éste, el misterio de la vida. Es increíble la manera en que el momento y el espacio deciden ponerse de acuerdo y formar un cuerpo. Es claro, nadie está a salvo.

Nacemos con una etiqueta, una marca de por vida. Nadie se libra del ojo humano, pero todos escapamos de su boca. La vista comprende al tacto, el odio no al olfato; q más da, la unidad es una sola y no se vende al por mayor.

La realidad es subjetiva, por eso prefiero la metáfora. A las hojas se las lleva el viento, por desgracia las rocas son pesadas y no conocen otro horizonte más que lo que sus sentidos albergan. Las palabras se borran y se olvidan, otras se mudan a cada corazón. Tal vez alguna de estas oraciones quiera buscar mejores condiciones y emigre. Se busca de preferencia sitios empolvados, baúles grandes, sótanos o simplemente lector interesado.
Cristina Maria Guerrero Pat*

miércoles, 15 de agosto de 2007

Por un simple error




¡No se puede ver nada!, ¡Acerquémonos más!- gritó un hombre. No, mejor retrocedamos, que aún hay tiempo...- susurró otro con una voz temblorosa y casi entrecortada. Eran ya cerca de la media noche de un Diciembre monótono, y la niebla acechaba por doquier. Cada vez se hacía más espesa y resultaba casi imposible divisar algo entre las enormes olas que parecían ser una manada de gigantes luchando con un aire de superioridad y competencia, ente sí. El pequeño barco se encontraba sólo, en medio de aquel cruel e inesperado océano, y sus tripulantes, incluyéndome a mi por supuesto, desesperados.




Nadie sabía lo que era exactamente y las ideas de mis compañeros para salir de aquel estremecedor embrollo se desvanecían, al parecer no restaba si quiera una pizca de esperanza. Mis latidos se volvían cada vez más fuertes al acercarnos a esa siniestra isla, a la cual nos había llevado el impredecible océano, y las gotas de sudor que comenzaban a resbalar de mi rostro a pesar de aquel frío infernal, se tornaban más gruesas y sustanciosas.




Al llegar, mi vida se veía acabada. Nunca olvidaré aquel aroma, ese olor que hacía enloquecer a algunos y espantar a otros, ese olor un tanto afrodisíaco que llenaba el ambiente y lo tornaba de una infinidad de colores marrones y negruscos. Podía ver pasar en ese momento una bandada de recuerdos que atravesaban mi mente como una flecha entorpecida buscando un blanco. En mi cabeza se reflejaban alegres experiencias en la granja de mis padres, “¡oh qué tiempos aquellos en los que solía correr y deslizarme por la cerca que encerraba el fabuloso establo de mis caballos, qué tiempos aquellos!”. Me veía frustrado y asustado, al igual que todos mis compañeros, que tambaleando sus rodillas preguntaban: ¿Dónde estamos?, ¿Cómo se llama esta extraña isla a la que hemos venido a parar?.




Empezamos a inspeccionar el aterrorizador lugar. ¿Cómo fue que un simple viaje de pesca nos llevó a terminar en este grave apuro?, ¿Cómo fue que un día que parecía ser perfecto se volvió un amargo problema, del que ahora era casi imposible salir con vida?- me preguntaba a mi mismo con inmensa tristeza. Sólo me quedaba tener fe, sólo me quedaba la esperanza de que había un Dios cuidándonos, ojalá eso hubiese sido suficiente.




¡Qué dolor aquel cuando descubrimos que nos encontrábamos en el Triángulo de las Bermudas!, qué sensación de ahogo aquella que se producía en mí al escuchar los lamentos desesperados de los demás tripulantes. Imaginé toda una gran cifra de vidas echadas a perder por un simple error de navegación, ¡qué estupidez!. Toda una serie de personas muertas, por haberme quedado dormido mientras conducía el barco hacia una zona rica en peces, ¡¡¡sólo por mi culpa!!!. No podía más, pues esta me apuñalaba, al igual que un cazador despedazando a su presa. Decidí darme muerte antes que los demás me la quisieran dar.




Siempre pensé que la peor forma de morir implicaría tortura lenta y desgarrante, fue con esta idea que decidí adentrarme al mar, lanzarme a la deriva y dejar mi muerte al querer de Dios. Así lo hice, me encaminaba flotando rumbo a marea alta con una tabla de balsa como mi única compañera. Pasaron largos días y oscuras noches, mis manos arrugadas como pasas de un viñedo se encogían cada vez más y la brisa parecía golpearme en mi rostro como si fuera mi más grande enemiga. En aquel instante, algo inesperado sucedió, ¿era eso lo que yo creía que era?, ¿acaso era algún invento de mi imaginación?, ¿eran talvez puras ilusiones o simples espejismos? No, desgraciadamente me equivocaba.




Una luz encegueció mis ojos, no lo podía creer, parecía imposible. Un gran barco se acercaba a mi costado izquierdo. Tenía los colores más brillantes y fulminantes que jamás había visto en mi vida, qué parecido que tenía con aquel vasto y profundo arco iris, con el que soñaba de niño, y que ahora sólo podía imaginármelo. ¡Cuan grande fue mi desilusión y tristeza al encontrarme dentro de ese barco!, ¡qué ironía aquella en la que el deseo de dejarme morir, fue reemplazado por una nueva oportunidad, qué ironía!.




Es así como cuento esta historia, y es así como acaba. A veces me detengo por unos minutos y pienso en las vidas de todas aquellas personas, que por un simple error, mi error, seguramente yacen ahora en ese campo de rosas, en donde todas las almas se reencuentran y forman una sola, en donde sólo se percibe felicidad y armonía, lejos de ese tormento y angustia que eran las islas. ¡Nunca olvidaré aquel aroma, ese olor que hacía enloquecer a algunos y espantar a otros...!.




Cristina Maria Guerrero Pat*

lunes, 6 de agosto de 2007

Y si alguna vez.. solo una..

Lo interesante de la vida no es cuando ni por qué la vives, no son las palabras que vienen y van ni lo monótono de un quehacer diario. No está en las inmensas cosas que se observan y en lo impactante que a veces suelen ser. Tampoco sale en diarios, televisión ni en noticias. Nunca lo verás atravesar entre un gentío, aparecer en momentos esperados o justo en tus narices, pero seguramente (y lo digo con seguridad), sí lo encontrarás en la sonrisa de un niño, en la armoniosa orquesta que se ensambla en la naturaleza o en un simple gesto, un pequeño momento, una palabra menuda…


Porque ciertas son las cosas que vivimos, hechos son…, reales son los problemas con los que coexistimos, medios de aprendizaje son…, pero raro es lo que nos queda y al final, no importa el precio, siempre guardaremos en el corazón.


Alguna vez, talvez en uno de mis tantos problemas, consideré el mundo de una perspectiva un tanto abstracta. Todo me parecía patas arriba, nada cuadraba…, inclusive los colores se alternaban el uno con el otro, blanco con negro, negro con blanco… Hoy en día puedo decir que mi mundo nunca ha estado más patas arriba y nunca, nunca, ha tenido tanto sentido.


Entendí que con lo rutinario sólo lograba dar un paso más atrás en mi camino, comprendí que el perfeccionismo en todo el sentido de la palabra te lleva muchas veces al perfeccionismo de tus errores y más que nada aprendí a valorar las cosas pequeñas que nos da la vida, esos detalles que parecen desapercibidos, pero que realmente ahora con gran orgullo puedo expresar lo muy feliz que me han hecho.


Como una vez escuché de alguien, “La vida es un racimo de antojos”, y saben que, tiene toda la razón. Es como una canasta de dulces en donde sólo te toca meter la mano y…, bueno, esperar a ver que te toca, no? Nada lo tenemos totalmente comprado y nada es siempre un hecho, nada es verdad un 100% y al final todo lo oculto se descubre… Pero algo muy cierto es que deberíamos aprender a vivir, y hacerlo al máximo, porque cierto es, nadie nos quita lo vivido y cada experiencia es única.


Talvez si no hubiera sido por cada golpe, por cada tropiezo, no seriamos lo que somos ahora, y talvez sino se nos hubiera quitado eso que una vez nos costó tanto conseguir o eso por lo que llorábamos todas las noches…, una persona no se hubiera regocijado de tal manera…, de tal forma que lágrimas de rocío inundando su rostro expresarían lo que las palabras no alcanzan. Dios sabe porqué hace las cosas.


Entonces, éste pequeño pensamiento es sólo una invitación, una invitación para darnos cuenta de todo aquello que a veces nos parece tan normal, pero en el fondo es tan fuera de este contexto, tan extraordinario y maravilloso que estoy segura, con un poco de perspicacia y pecando de curiosidad, será más fácil de notar…, y así puede ser, y digo puede ser porque nunca se sabe, que ojala volvamos a confundir el blanco con el negro, el negro con el blanco…



Cristina María Guerrero Pat*